Tenía que decírtelo


Tuve miedo, por eso te hablé. Te necesitaba a mi lado, amigo. Afuera de mi casa había tres tipos en un carro y la paranoia me asaltó. Me estaban siguiendo. Eso pensé. Se iban a meter en mi casa. Por eso te necesitaba. Una mujer que vive sola nunca está libre, ni puede
descansar a gusto. Siempre corre muchos riesgos, muchos. Sobre todo ahora que hay tantos secuestros y tantos asesinatos. No sé si te platiqué. Una vez un tipejo se puso a mirarme por la ventana de mi cuarto. No me di cuenta hasta que sentí una opresión en el pecho, una impaciencia que te constriñe las entrañas. En ese entonces mi cuarto estaba en la planta baja y daba a los departamentos de enfrente. ¡No sabes cuánto miedo sentí!, ¡el imbécil empezó a rasguñar el vidrio!, pero Javier salió con un bat y lo persiguió. Le gritaba que lo mataría si volvía a espiarme. El tipo se saltó la barda que daba a la privada de atrás. Por eso me tuve que cambiar de colonia. Ya no podía llegar a mthisbe waterhousei casa y dormir con tranquilidad. Tenía pesadillas de que me violaban. Me despertaba gritando, ¡con la angustia machacándome el pecho!, ¡me despertaba temblando!… Javier ya se había ido a Tijuana y estaba soltera. Me siento sola desde que se fue.
Sola… No había quién me ayudara. Por eso te hablé. ¡Me dio miedo!, ¡de verdad!, ¡te necesitaba!
Sí, sí, ya sé, ya sé. Probablemente tengas razón, quizá sí soy una exagerada. Pero no dejaba de preocuparme. Me daba miedo, ¡de verdad!, que se metieran a mi casa, ¡no sabes la cantidad de veces que me han agarrado las nalgas en la calle!, ¡y en el metro para qué te digo!, y me da un coraje y una impotencia que me hierve la sangre, y me dan ganas de gritar todo mi enojo. No siempre puedes voltearte y darles un chingadazo, ¡qué les pasa!, ¡pendejos!, ¡estas nalgas son mías, muy mías!, ¡y yo se las doy a quien yo quiero! Faltaba más… ¡a quien me gusta y a quien me convence!, ¡no son el pasamanos del metro pa’ que todos las anden agarrando! Tú sabes muy bien que eso es algo que me reservo. No soy un puta cualquiera. Mi intimidad me pertenece y me entrego. ¡Y no ha sido una vez la que algún puerco se empiece a masturbar en el camión!, ¡qué asco! Te digo que una mujer sola tiene que ser más precavida e inteligente. Pero los tipos que estaban aquí afuera me dieron miedo. Se me quedaron viendo mucho. Se me hicieron sospechosos. Por eso te hablé.

Una vez, el imbécil de mi vecino, cuando vivía en mi casa anterior, me hizo pensar que su mamá tenía un ataque. Cuando me acerqué a la puerta me quiso meter a la fuerza. Pero empecé a gritar como loca para que alguien me ayudara. Le puse una patada en los huevos y salí corriendo. Desde entonces los vecinos empezaron a verme raro, ya sabes cómo son los chismes. Yo creo que pensaban que le coqueteaba o algo así. El maricón de mi vecino ya ni me miraba a los ojos, ¡cobarde! Eso es no ser hombre. Pero en las noches yo sentía que había alguien fuera de mi casa. Y me despertaba exaltada y temblando. Me asomaba a ver, con el corazón latiendo como caballo desbocadElBOscoo. Y aunque no había nada, regresaron

las pesadillas de violación. Soñaba que entraban a mi casa dos tipos y se me subían y me empezaban a tocar. Me agarraban los senos, así, de una manera asquerosa, como si agarraran lodo. Y me daban ganas de vomitar. Sentía náuseas y contracciones en el diafragma. Y sentía que me bajaban la pijama, fuerte, como si me la quisieran romper. Y repentinamente me penetraban ¡fuerte!, ¡duro! ¡Y me dolía mucho y sentía como se me desgarraba la vagina! ¡No sabes la angustia y la desesperación!… me desperté gritando. Me toqué la cara: lloraba. Luego sentí húmeda mi entrepierna y volví a gritar ¡espantadísima! Era sangre… ¡sangre!, ¡te imaginas despertar de algo así y ver sangre!, una mancha de sangre en la sábana. Me había llegado mi periodo. ¡No sabes qué horrible fue ver mi propia sangre después de una pesadilla de esas! ¡todavía tenía la sensación de que me penetraban!… ¡abrázame!… ¡mira, estoy temblando otra vez sólo de acordarme! Ya, ya, me voy a tranquilizar, se me va el aliento.

Por eso te hablé esa noche. Llámale precaución si tú quieres, pero no quería estar sola. Además mi casa todavía no tiene protección ni en la pared que da a la calle ni en las ventanas. ¡Y con esos pendejos allá afuera haciendo escándalo se me subió la adrenalina!, ¡hasta pensé en comprar una pistola!, pero sería un exceso, ¿no creesmanray? Ya sabes lo que dicen, ¡si compras o tienes una pistola es porque vas a usarla! Y yo no quiero matar a nadie, al contrario yo quiero amar, con todo mi corazón. Lo bueno es que el carro con los tipejos se fue, ¡qué bueno que viniste esa noche!, ¡no sabes cuánto te necesitaba!

Ya le había hablado a la policía pero no venían. Tampoco les tengo mucha confianza, ¡con eso de que luego son ellos los que tienen las bandas de secuestro y extorsión!, ¡ya no sé!, ¡me frustra que este país esté tan jodido!, ¡ya no puedo salir sin tener miedo! Pero ya estabas aquí y me tranquilice. El otro día venía en mi carro por Observatorio. Era temprano, te juro. Como las ocho. Ya ves que es una colonia difícil, ¡brava!, y en el semáforo pasaron tres chavillos, yo creo que apenas les salía bigote. Sacaron una pistola y cortaron cartucho contra la camioneta que estaba en frente, ¡me paralicé!, ¡no supe si gritar o llamar a la policía!, en cuanto se puso el siga, tomé por Constituyentes para evitar semáforos. Esa noche tampoco pude dormir. Me la pasé asomándome a la calle siempre que escuchaba un carro o en cada rechinido de la ventana. Pensé que me seguían, que me iban a disparar para evitarse un testigo en contra, ¡qué sé yo! Por eso no quiero estar sola.

Pero esa noche ya estabas aquí, y me sentí mucho más tranquila. Dormiría bien, ¡con la falta que me hacía! Ya sabes que entro a trabajar temprano. Además, estaba haciendo mucho frío. Esperaba que tú pudieras dormir tranquilo después de todo.

Ojalá hoy no tengas ningún problema para dormir, otra vez, aquí, a mi lado. Esa noche me di cuenta de que hubiera preferido tenerte cerca la vez de la pesadilla. Así no habría sido tan traumante. Perdóname por hacerte venir.

woman-sleeping-in-a-landscape dalíEspero que puedas dormir y que ya no pienses en esa noche en que me cuidaste de los tipejos. Gracias a ti dormí como piedra. Aunque al despertar todo fue de nuevo igual, el miedo y la frustración. Y al día siguiente me di cuenta, hubiera preferido que esa noche me abrazaras, que no dijeras nada y me desabrocharas el brasier, sin avisarme, y me besaras el cuello y me mordisquearas las orejas… hubiera preferido que me penetraras sin decir nada, sin pedirme permiso, sin rodeos ni promesas, así hoy te habría llamado de nuevo para decirte que tenía miedo, aunque tú, de nuevo, ni siquiera te atrevieras a tocarme en toda la noche…, me sentiría menos sola…, bueno…, ahora ya lo sabes, ¡tengo miedo!

Imágenes: J.W. Waterhouse, El Bosco, Man Ray, S. Dalí

5 Comments

  1. Muy bueno, interesante, ese coqueteo que todos hemos tenido con la paranoia, tal vez no hemos llegado a sentirnos tan denigrados, pero es terrible que una mujer que nace libre, se vuelva esclava de un hombre… o en el peor de los casos de su propio miedo.

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias por leer, brother, apesar de ser “ficción” se basa en anécdotas de amigas mías, “esclavas”de su miedo, que en nuestro país es más que pertinente (el reino de la sospecha y la paranoia. El final, pues no más pa darle jiribilla

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s