Los bálsamos


El calor aumentó a tales extremos que las focas del lago Baikal se quedaron sin agua y yacieron varadas y vulnerables a los depredadores, como un filete de pescado sin cocer en un plato vacío. Los yacimientos de sal convirtieron todos sus valles en inmensas planicies infértiles, como una constelación de Cartagos derrotadas, o chisporrotearon como luces de bengala.

En contraparte, los enormes macizos congelados del tamaño de montañas en la Antartidas se derritieron y formaron islas flotantes de hielo en los australes mares inmóviles.

Y la capa de permafrost también se deshieló, convirtiéndose en una gelatina fangosa abismada a los océanos como ríos imprevistos que revivió insólitos insectos del tamaño de los colibríes cuyos aguijones nos infectaron de un virus antiguo.

Pero las espirales genéticas ya habían sido descifradas, y de los cadáveres de los primeros muertos por esas infecciones se obtuvieron las cepas para la vacuna, raspando las paredes internas de las cuerdas bucales. Sobre todo de los cadáveres endurecidos durante un grito. Como a los mosquitos congelados en cápsulas de ámbar, extrajimos de esos cartílagos carcomidos por el polvo y los gusanos las pústulas y les raspamos las costras endurecidas, como cortezas de canela inerte.

Así, rompimos las fronteras permitidas por los soldados y desenterramos: los cascamos y lajamos, los majamos y pusimos triturados en la tahona. Durante todo el confinamiento, exhumamos a nuestros muertos para beber su sangre y que ella nos cuide.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s