Cera derretida II


Te pasas y repasas contando una elástica fila de ovejas desfilando

repasas con la punta de la lengua el recuento de las mieses.

Las luces directo en la pupila de musgo

en la retina de yerbabuena

en la mirada de filamentos de esmeraldas

te llueven de estrobos de arrobamiento

y sus libélulas iluminan tras las bambalinas del cráneo

el quieto estupor del éxtasis

en que las luciérnagas se fingen luces de bengala

en el cuenco de los párpados

Rápido llueven de nuevo fractales de nubes que repiten,

tercos e intermitentes,

una cascada de percusiones

cobijados por el caudal del afluente interno

cuyo silbido sueñan los lobos

que persiguen la luna llena en las célibes noches de frío,

por el que se congela la trementina de la espiga.

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