El espía II


pero la duda, ni tarda ni perezosa,
duplica sus asombros y sus recuerdos
y se yergue frontera de adoquines
en que anidan quiscos y quimeras
dura una eternidad obstinada

que escucha, callada, su acecho

y suenan las campanas
ding dong dong dong
como escudos dorados
que canallan al sol
ding dong dong dong

para pronunciar tu nombre
caerán aludes, rocas entusiasmadas
por su baño de mar y arena
resonaré huracán al norte de tu cuerpo,
alisio torbellino al sur,
y al centro tu faro de prudencia
pondrá su muro de silencio
tu eco
tu espuma

resonará la lluvia
y el aliento que envenena
—vaho que empaña los cristales —
repta las paredes de mi cuarto
como lagartija a mediodía,
como lechuza por la noche,
y cuando se estaciona
en la esquina de la araña
se convierte en grieta
por la que se derrumba mi atalaya
y escapan gases de ciénaga
que asfixian a tímidas orquídeas
ausentes en las lista de botánica,

mientras, como nube, tu aliento sube
sus muros de diluvio

alguien huye y, en mi celda,
me tapa la lente:

Versión original en el Pliego de poesía Tierra de nadie [El espía] de la revista, La Colmena, Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, Jul-Sep, no. 55, 2007.

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