El espía


vino la cola del cometa
consumiendo con su fragor
el febril frío del sudor salado
que se queda entre los poros
como cañadas, como cuencas
como trompetas que nos convocan
a callar, mientras truena
su rápido grito de guerra

vino, viene, nos lleva
y alguno de los dos cuenta
las horas en que la lluvia no cesa

[V]
al fondo de la lente
quedan páginas inermes
con su intermitente telegrafía
de súbitas miradas entre dientes,
mordidas de hormiga,

alimenta a la liebre
que desde la luna nos mira

quedan todavía mudas
las arias de los lobos

quedan todavía agrias
las paredes que escalaron caracoles
en su infinita competencia,
su inconmensurable silencio,
su húmeda salinidad
que juega con los ecos de tu axila,
los nervios de tus muslos
con la órbita en tu ombligo,
en que me finjo satélite
prófugo, esfinge, fugitivo

VI

el sonido se tiende flecha,
y su estela es cordel
en que se secan
al sol turbio y sediento

tus prendas partituran sinfonolas
que giran ciegos cilindreros

y suena un carrusel de yunques
que granizan, revientan, truenan
mientras, trovador errante,

del pabellón al diapasón
se abre la blusa la musa
para su fuente vibre a cascada

Texto publicado en su versión original en el Pliego de poesía intitulado Tierra de nade (el espía) de la revista, La Colmena, Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, Jul-Sep, no.55, 2007

Fotos tomadas de René López Caballero, Joss Tana y Carlos Raso

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