Beethoven forever


Hace unos días Gerardo Kleinburg, uno de los críticos musicales más mediáticos en México, se refería al festejo de los 250 años del nacimiento de Beethoven como la efeméride artística más importante del año, a nivel mundial. Y tiene razón, también por aquello que no es únicamente musical. Hagamos un recuento.

Beethoven adoró y se inspiró en el entonces heróico Napoleón, cuando el corso era un símbolo de transformación y redención civil. De la misma forma que Goethe, Beethoven aborreció la coronación napoleónica, como le pasa a los artistas inteligentes que descubren traicionados los ideales por la ambición de la política. Ambos artistas, amigos, se arrepintieron de su fervor por el militar más seductor de la histora francesa.

 En la literatura y sobre el mismo Goethe, compuso su obra Egmont, de la misma forma en que se inspiró en el ritmo de la Oda a la alegría de otro romántico germano: Friederich Schiller. Esa cúspide final de la 9 sinfonía es probablemente el mayor símbolo del espíritu europeo, que bien pudo haber inspirado parte de la trama de la película inicial de la trilogía de Kristoff Kieslowski, Azul, donde se catapultó la actriz francesa Juliette Binoche.

Además, Liev Tolstoi escribió La sonata de Kreutzer, con la obra homónima de Beethoven como un pilar de la novela. Y la nobel sudafricana siempre interesada en la tensión interracial, Nadine Gordimer explora con agudeza aquel argumento de de que el compositor tenía 1/16 de negritud, un tema que ha sido muy explorado por muchos autores académicos.

En el cine, ha sido retratado en varias películas. Harry Baur lo interpretó dos veces, en 1909 y en 1927, con el legendario director de cine mudo, Abel Gance, famoso por la mítica biopic sobre Napoleón. Después vinieron la magnífica interpretación de un inspirado Gary Oldman y una muy efectiva de Ed Harris, dirigido por la gran Agnieska Holland.

Según Mark Evan Bond, luego de su muerte, surgió el “Síndrome Beethoven”, es decir, pensar que cada obra proyecta algo del autor. Y es que la biografía del músico es también parte de su halo mítico, como bien lo señala Kleinburg. Beethoven es el artista que vive las adversidades: padre alcohólico y brutalmente golpeador, madre tuberculosa, orfandad temprana, derrotas amorosa; y la más famosa y trascendental: la sordera.
Después de este recuento, es difícil pensar en un músico que pueda compararse a Beethoven, incluso ahora que el impacto es mucho más expansivo, inmediato y rápido que hace dos siglos.

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