Poesía desde la familia disfuncional


En 2017, la Universidad Autónoma del Estado de México concedió el Premio Internacional de Poesía “Gilberto Owen Estrada” a Esther M. García por su libro Mamá es una animal negro que va de largo por las alcobas blancas. En ese poemario la escritora coahuilense despoja de romanticismo la maternidad para darle un sentido siniestro, violento y tóxico. La metáfora de las tarántulas y las obras de la artista plástica Louise Burgoise se corresponden con todo la opresión ejercida por las madres hacia sus hijos, como un eco de la estructura social que ha hecho pensar en la maternidad como un cuento de hadas. 

Unos años, también premiada, publicó Bitácora de mujeres extrañas cuyo centro es la variedad de mujeres que pueden encontrarse en una maquiladora, aunque esa maquiladora sea la metonimia de la sociedad misma. Mujeres excéntricas que no coinciden con los estereotipos sociales. 

Esther público otro poemario enfocado en la violencia en contra de las mujeres: Dead Womans city. Su eje es el hacinamiento de la violencia en las ciudades, sobre todo las fronterizas, que avalan con su indiferencia el feminicidio y la violencia sexual y de género. En 2019 publicó La destrucción del padre ahora enfocada en la figura paterna, justo como parte de lo que ella misma ha mencionado como una trilogía sobre la familia. En paralelo, comenzó la Mapa de Escritoras Mexicanas Contemporáneas, en donde las reivindica para ponerlas a la vista, partiendo de la premisa de su invisibilización. Luego ganó el Premio Carmen Alardín y este 2021 publicó Arco de histeria, el libro negro.

Como si fuese un libro de apuntes y notas médicas, la investigación poética sobre la enfermedad del útero, sus orígenes griegos, médicos y estrictamente represivos de la sexualidad femeninas se mezclan con las implicaciones de la violencia sexual vertical en el primer círculo familiar. De padre a hija. La ironía, la acidez de los juicios generales a partir de los detalles le han conseguido ya un lugar en la poesía del continente, sumada a su estilo lacerante, contestatario y sin concesiones han convertido a la obra de Esther en una coordenada necesaria para visualizar la poesía mexicana.

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