Memoria y olvido: paraíso e infierno


I

Parecería algo casi salido de la ciencia ficción. Pero no. La ciencia ha abierto la puerta a la posibilidad de borrar ciertos recuerdos o de minimizar la “intensidad emocional” de los mismos. Científicos de diversas universidades, incluyendo a Merel Kindt, del Laboratorio de Memoria Emocional de Amsterdam, desde hace 15 años han puesto sobre la mesa la posibilidad de pastillas para borrar recuerdos dolorosos y atenuar la intensidad de dichos recuerdos. 

Sí, le ponemos el peso idílico a la balanza el resultado nos puede llevar a historias como la que llevó al director Michel Gondry a rodar la intensa película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, que condujo al guionista Charlie Kaufman a ganar el oscar a mejor guión original.

Pero, para contextos tan complicados como los de nuestras épocas, la posibilidad de borrar recuerdos o “la intensidad emocional” de los mismos, nos pone en una encrucijada con respecto a la memoria. ¿Qué haremos con el miedo y con las estrategias institucionales, sociales y personales para protegernos de aquello que nos da miedo? Rossana Reguillo, por ejemplo, se pregunta cómo se comportaría la víctima y la sociedad ante un testigo que declarese tortura, secuestro, violaciones sexuales o agresiones traumático, como el bullying, el acoso o la extorsión, cuyas declaraciones se encuentran limpias de emociones. ¿Podríamos entonces cenar con nuestro victimario?

Memorial a las víctimas de violencia, Foto: Sandra Pereznieto, Fuente: Landezine

Desde la sicología, el testimonio de las víctimas y las emociones que nos producen construyen en gran parte la empatía y la solidaridad. Desde las ciencias sociales, el testimonio no sólo es una columna vertebral para que la memoria colectiva censure comportamientos o los aplauda. La grandeza de la literatura, del cine, del arte, es justamente transmitir emociones en todo el abanico de experiencias.

La memoria está justamente en el centro de la construcción de las identidades, las individuales y las colectivas. Los hechos trascendentales los convertimos en el eje de muchas de nuestras actividades, desde la comulgación dominical, los lunes de honores a la bandera, el cumpleaños o los días que festejamos en el calendario civil. Borrar un recuerdo o atenuar la emoción de dicho recuerdo podría hacernos pensar que podemos curarnos las heridas sin tener cicatrices o permitirnos evitar la repulsión de alguien que nos ha hecho daño. 

II

En contraste, la biomedicina y la neurociencia se ha estudiado la posibilidad de un implante que permita recuperar la memoria, es decir, una prótesis cognitiva para el hipocampo. La investigación de Berger tiene el patrocinio del ejército, y parece proyectarse para estimular la memoria en gente que haya sufrido traumatismos craneales. Estos traumatismos podrían aplicarse, por ejemplo, a los jugadores de futbol americano. Esta neuroprótesis reactivaría o catalizaría los impulsos eléctricos entre neuronas en una zona específica del cerebro. Un avance de estos sería crucial para enfermedades crónico degenerativas, como la del Alzheimer.

Imagen tomada de Switchtech.com

Investigadores de Oxford, como Laurie Pycrofft, piensan en la posibilidad incluso de un mercado de este tipo de implantes… y de recuerdos; y con ello, el lado contrario, el mercado negro de recuerdo o de hackeo de memoria. Andrea Chapela, cuentista mexicana, se ha aventurado a pensar en casos específicos en su libro Ansibles, perfiladores y otras máquinas de ingenio. Cerramos este comentario parodiando al poeta romántico alemán, Jean Paul, cerramos este comentario:

La memoria es el único paraíso o el único infierno del que no podemos ser expulsados.

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